Un generoso propietario le dejó su casa a la anciana que la estuvo alquilando por 20 años
Ene 25, 2023 by apost team
De una forma u otra, todos soñamos con tener nuestra propia casa. Nadie quiere seguir pagando alquiler eternamente, aparte de las otras responsabilidades de la vida. Se siente como si estuvieras sobreviviendo día tras día. Pero, por supuesto, no todo el mundo está en la misma situación. Algunas personas no tienen más remedio que apañárselas con lo que tengan a mano para poder llegar a fin de mes. Pero si tienes suerte, podrías conseguir a alguien que quiera sacarte de tu tormento. Eso fue exactamente lo que le ocurrió a Jane Sayner, una mujer de 75 años: un buen hombre le cambió la vida para siempre.
A Sayner la operaron de un cáncer de intestino en diciembre de 2021. Por eso, la idea de trabajar hasta los 80 años siempre le había preocupado, así como la posibilidad de que la echaran de su apartamento si se quedaba sin dinero para pagar el alquiler. Comprensiblemente, dentro de unos años iba a llegar a los 80 años y teniendo en cuenta su estado, era imposible encontrar un trabajo que no empeorara su situación.
Pero otra cosa que seguía rondando por su cabeza era el futuro inminente de su vivienda. El propietario, John Perrett, había insinuado que la donaría a una organización benéfica cuando falleciera. Así pues, ella siempre supo que la casa se vendería de un modo u otro, pero eso no fue lo que terminó pasando.
"Durante todo el tiempo que fue mi arrendador, siempre dijo que todo su dinero se destinaría al Hospital Real de Melbourne", declaró la mujer en una entrevista con Daily Mail Australia.
Para su sorpresa, Perrett incluyó su nombre en su testamento y le dio el apartamento, el cual terminó convirtiéndose en su hogar de forma permanente.
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Perrett vivió en una residencia para ancianos en sus últimos días ya que había sufrido varias caídas antes de su muerte. También se sometió a un trasplante de riñón 30 años antes de su fallecimiento. Probablemente esa fue la razón por la que decidió donar 18,6 millones de dólares al Hospital Real de Melbourne, en Australia.
Según A Current Affair, Perrett era farmacéutico y había participado en diversas actividades comunitarias. No tenía esposa ni hijos. Probablemente Perrett vio lo buena inquilina que era Sayner, ya que pagaba puntualmente sus cuotas, así que decidió traspasarle la unidad.
"Yo siempre pagaba mi alquiler a tiempo. Era un hombre de negocios muy estricto. Tenía muchas acciones y propiedades", le dijo la mujer al Daily Mail Australia.
Para Sayner, no era solo un apartamento más. Siempre ha sido su hogar, así que lo cuidaba bien y lo ponía aún más bonito de lo que era antes de que ella llegara.
"He tratado este lugar como si fuera mío. Cuando llegué, no había jardín en la parte de atrás. Como vivía aquí, sembré muchas plantas y flores, que todavía están aquí", señaló la anciana.
Al parecer, mientras Perrett estaba vivo, le dio una señal de que le iba a ceder el apartamento. El difunto empresario ya había cedido el resto de las unidades, excepto esa última.
"Y cuando llegó a un punto en el que ya no podía seguir haciéndolo, puso todas las demás viviendas en manos de agentes, excepto esta", explicó Sayner.
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Mientras Perrett estuvo en la residencia para ancianos, Sayner se preocupaba por ver cómo estaba.
"Solía llamar al menos una vez a la semana, cuando regresaba del trabajo. Yo sé lo que es estar en esos sitios. Uno no recibe muchas visitas y no es muy divertido que digamos", señaló la mujer.
Hasta que un día recibió una llamada inesperada de Perrett. "Un día me llamó y me dijo: 'Mi abogado está aquí, ¿puedes darme tu nombre completo, por favor, porque te voy a dejar tu unidad?", recordó.
Por desgracia, Sayner no pudo visitar a Perrett durante los tres últimos meses que pasó en la residencia.
"Durante los dos o tres últimos meses, ni siquiera pude ir a visitarlo a la residencia. No me dejaban entrar. Eso fue lo peor", dijo.
Pero cuando Perrett murió, Sayner estuvo entre las 10 personas a las que se les permitió asistir a la ceremonia.
Mientras tanto, otro inquilino recibió una unidad de Perrett y su empleado de mantenimiento de confianza recibió dinero de su parte.
Sayner trabajó en Costa durante casi 25 años, hasta que decidió jubilarse al cumplir los 74. Aunque la empresa australiana de frutas y verduras le permitió quedarse todo el tiempo que quisiera, tuvo que dejar el empleo porque ya no podía hacerlo.
Recibió una oportunidad asombrosa: ya no iba a tener que preocuparse por su humilde hogar, ni de recibir una pensión para sostener sus gastos diarios. "¿Qué más podría pedir?", preguntó retóricamente la mujer.
Sayner se merecía lo que había recibido de Perrett, pues no solo cuidó la casa en la que había vivido durante todos esos años, sino que también mostró devoción por el propietario hasta los últimos días de su vida. Sin duda, fue una buena recompensa por su lealtad.
¿Qué te parece la sorpresa que le dio el arrendador a Jane Sayner? ¿Qué puedes decir de él? Déjanos tus comentarios y comparte este artículo con todos los que les pueda interesar.